En razón de su contexto geodinámico y climático, y de una urbanización a menudo mal controlada, Bolivia, Perú y Ecuador están confrontados a un gran número de riesgos de origen natural y humano. Como lo ha mostrado el reciente terremoto de Pisco del 15 de agosto de 2007, estos riesgos se convierten de manera frecuente en catástrofes que afectan fuertemente a la población, las infraestructuras, los bienes públicos y privados, la economía de estos países y, por consecuencia, las condiciones mimas de su desarrollo. Estos riesgos y catástrofes conciernen más particularmente a los medios urbanos de estos tres países. Estos presentan vulnerabilidades vinculadas con su exposición a un gran número de amenazas de origen natural, pero también por su capacidad intrínseca a aumentar los efectos de estas amenazas y a suscitar nuevas, de carácter claramente antrópico. La población total de estos tres países alcanza los 50 millones de habitantes y casi el 70% es urbana. Si de manera global, el ritmo de crecimiento demográfico urbano desaceleró ligeramente durante la última década, sigue siendo sostenido y la tendencia es en una extensión y densificación del espacio urbano sin ninguna consideración de los riesgos y de las vulnerabilidades.
Muchas iniciativas se han dado para reducir los riesgos a los cuales están expuestos estos países, sobre todo en los años 1990, en el marco de la Década Internacional de la reducción de las catástrofes naturales (iniciativa de la ONU). Recientemente, la política regional desarrollada por el CAPRADE (Comité Andino para la Prevención y Atención de Desastres) en el marco de la Estrategia Andina para la Preservación y Atención de Desastres de la CAN, constituye una iniciativa muy importante para la concientización regional sobre los riesgos y para emprender un conjunto de acciones que permitan reducirles.
Durante mucho tiempo, las acciones de reducción de los riesgos se han limitado al manejo, más o menos improvisado, de las situaciones de emergencia. La tendencia actual es de promover al mismo tiempo las acciones de prevención, en particular la planificación territorial preventiva, y las acciones de preparación ante las catástrofes. Estas últimas tienen cada vez una mayor importancia teniendo en cuenta los límites de la prevención y el hecho de que la mayoría de los espacios de riesgos ya están urbanizados.
La investigación científica sobre los riesgos constituye una base esencial de información y de reflexión, una herramienta de apoyo a la decisión que permite orientar las acciones de prevención y de preparación. Esta investigación está desarrollada de manera desigual en los países andinos, tanto a nivel geográfico como temático (el énfasis está puesto sobre el conocimiento de la amenaza y sobre la ingeniería urbana, y mucho menos en los temas de vulnerabilidad, la resiliencia o la planificación preventiva territorial). En otros términos, la investigación científica tiene dificultades para desarrollar un enfoque global del riesgo, mientras que el riesgo es el resultado de un gran número de componentes naturales y humanos. Por otra parte, la investigación actualmente desarrollada sigue siendo insuficientemente aplicada o aplicable y responde de manera muy parcial a su primer objetivo que es la reducción de los riesgos y las consecuencias de las catástrofes.
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