Get the Flash Player to see this rotator.
 
Los investigadores actuales:
¿Los precedentes?
 
 
 
Mails Ifea
 
 
 
Sede Administrativa
Avenida Arequipa 4500
Lima 18 - Perú


Teléfono 511 447-6070
Fax: 511 445-7650
Casilla 18-1217, Lima 18

Biblioteca
Avenida Arequipa 4595
2º Piso
Teléfono 511 243-6090
postmaster@ifea.org.pe
 
Rss   RDF
 
 
Imagen en reemplazo de flash
Orígenes del hombre americano
Responsable: Tania Delabarde
En los últimos años, la arqueometría tuvo un desarrollo importante dentro de la investigación arqueológica con el aporte de datos inéditos a través del análisis fisicoquímico de diversos materiales (huesos humanos y animales, carbón, cerámica, metalurgia pigmentos…) los cuales permitieron confirmar o descartar hipótesis y generar nuevos enfoques. Las tesis de doctorado de varios investigadores asociados al IFEA (Tania Delabarde, Fanny Moutarde, Veronique Wright, entre otros) reflejan esta nueva tendencia dentro de las investigaciones en los países andinos y presentan datos inéditos sobre la biología, la organización socio-política y los avances tecnológicos de las culturas precolombinas.

La genética ha sido una de las disciplinas cuyos alcances y aportes han sido determinantes en los últimos años tanto para la investigación arqueológica como la antropológica. En el continente americano, uno de los temas de predilección es el origen del asentamiento. Desde el siglo XVI, el misionario jesuita Acosta mencionó el posible origen mongoloide de las poblaciones indígenas.

La tesis de las oleadas migratorias a través del estrecho de Bering ha sido ampliamente estudiada y aceptada por la comunidad científica en el siglo XX. Sin embargo, desde hace 15 años, los estudios genéticos han permitido abrir nuevas discusiones sobre la realidad de un origen único, las fechas y los caminos de migración. La antigüedad del hombre en América está sometida a gran controversia científica. La fecha más antigua de migración es la que sostienen los defensores de la teoría del poblamiento tardío, la que está relacionada con la Cultura Clovis (América del Norte) que sin duda ha establecido una presencia humana hace 13.500 a. C. Los defensores de esta teoría sostienen que la fecha de ingreso al continente, poblamiento humano, no pudo ser mayor a 14.000 años a.C.

Sin embargo, varios sitios en América del Sur son considerados mucho más antiguos (Monte Verde en Chile dataría de 14600 a.C., o en Brasil algunos sitios de más de 20000 a.C.)

Actualmente gran parte de los estudios genéticos se basan en la molécula de ADN y sus productos primarios (enzimas y proteínas). El polimorfismo del ADN permite caracterizar finamente a cada uno de nosotros, y a su vez encontrar las diferencias de frecuencias o de haplogrupos que pueden existir entre poblaciones y así, trazar la historia genética de las poblaciones. En América del Sur las poblaciones han sido estudiadas con diferentes marcadores genéticos.

Entre los años 1950 y 1980, los datos biológicos recolectados confirman un origen asiático de las poblaciones amerindias: Sistema HLA (Human Leucocytes Antigens), demuestra que las poblaciones amerindias más cercanas genéticamente de las poblaciones asiáticas son los Esquimales; Sistema ABO, la mayoría de poblaciones amerindias son de tipo O, el tipo B es ausente en América del Sur (frecuente en Asia), se ha evocado un proceso de selección para explicar dicha ausencia; Grupo Diego, se encuentra solo en América del Sur y en Asia; Sistema Gm, presenta un gradiente desde el norte de América hacia el sur.
Hoy en día los estudios sobre los NRY del cromosoma Y y el ADN mitocondrial permiten conocer las poblaciones asiáticas más cercanas a las poblaciones amerindias. Estas son, por el cromosoma Y, originarias del valle de Yeniséi y del Altai; por el ADN mitocondrial las del Altai y la región peri-Baikal. Un microsatélite, DYS19 asociado al polimorfismo del centrómero del cromosoma Y, define el haplotipo IIA presente en el 90% de poblaciones amerindias de América del Sur. Esto indica que existe homogeneidad en estas poblaciones. En América, el polimorfismo de la región hipervariable del ADN mitocondrial define 4 haplogrupos mayores A, B, C, D y un quinto, X, menos común, representado en poblaciones de América del Norte y en poblaciones que habrían existido antiguamente en Brasil. Cabe remarcar que el haplotipo C se encuentra también en poblaciones de Mongolia y el haplogrupo D en Japón, Corea y en el grupo étnico de los Ainu.

La escasa variabilidad de estos dos marcadores sugiere un número limitado de fundadores tanto maternales como paternales. Estos datos coincidirían con los datos arqueológicos de la cultura Clovis (13.500 a. C). A partir de estos datos ciertos investigadores proponen la hipótesis de una sola ola de migración poblacional limitada que habría entrado en el continente americano entre 21000 a.C. y 12000 a.C.

Sin embargo, los datos lingüísticos (al menos 3 grandes familias lingüísticas) y morfológicos (variabilidad importante de restos óseos) tienden a favorecer la hipótesis de que existieron varias olas migratorias. Pudiendo algunas de ellas no haber dejado o haber dejado muy pocas evidencias genéticas en las poblaciones contemporáneas, lo que explicaría las controversias actuales.

En América del Sur, sobre todo en la Amazonía, las poblaciones se encuentran aisladas geográficamente y culturalmente. Se observa una diferencia importante entre las frecuencias de los alelos (HLA, grupos sanguíneos) o de los haplotipos (ADN mitocondrial, Cromosoma Y), que sería atribuida al efecto fundador o a la deriva genética, lo que explicaría la difusión y conservación de polimorfismos «privados» por ciertos marcadores genéticos (HLA, ADN mitocondrial).

Estos datos antropológicos y arqueológicos postulan una nueva hipótesis sobre el origen de los pueblos amerindios contemporáneos, las vías y el número de olas migratorias que pudieron haber utilizado sus ancestros. Los primeros americanos habrían llegado desde el Asia por el estrecho de Bering entre 20000 a.C. y 11000 a.C. durante la última fase glacial la cual bajó el nivel de los océanos y dejó esta zona libre de hielo. Para ese entonces, América del Norte estaba ocupada por glaciares, por lo tanto se postulan dos hipótesis de vías de migración: la una entre los glaciares (hacia el interior del continente), y la otra, litoral, por zonas que se encuentran actualmente sumergidas (lo que explicaría la presencia de sitios mas antiguos en América del Sur).

Las regiones andinas representan un medio ambiente excepcional, un mosaico de etnias linguística y culturalmente diferentes. El origen y la dinámica del poblamiento de los pueblos amerindios, pueden ser considerados como problemáticas antropobiológicas muy importantes en los años que siguen.


 
 
Contrapartes Institucionales
 
 

 

 
 
 
Web desarrollada para IFEA
© Derechos reservados